La gestación subrogada es un proceso largo y complejo. Por eso, no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Es habitual que se haga una prueba psicológica tanto a la gestante como a los padres de intención para asegurarse de que están preparados para el tratamiento desde un punto de vista emocional.
Si un tratamiento de gestación subrogada se cancela antes de la FIV, las consecuencias no son irreversibles. Lo más probable es que sólo haya que pagar indemnizaciones, según lo especificado en el contrato de gestación subrogada.
Sin embargo, si la cancelación tiene lugar una vez que se ha creado el embrión y sobre todo una vez que la transferencia embrionaria ha tenido lugar, se podrían producir situaciones de desacuerdo. En estos casos, es probable que ello suponga un perjuicio para una o varias de las partes implicadas.